Una Navidad desde los Rincones

Una Navidad desde Rincones

Se acerca el tiempo navideño. El tiempo de Dios es muy distinto al tiempo del ser humano.

Al tiempo de Dios se le llama en griego “Kairós” y el tiempo en el que vive el ser humano se le llama “cronos”- Así nos enseñaban los griegos y los teólogos. Pero… ¿qué nombre le podremos dar al “tiempo del comercio”?…

Las vitrinas de las casa comerciales, han sacado las cosas de Halloween e inmediatamente ocupan los escaparates las cosas de Navidad, en un principio con los carteles “exclusivo”, después serán con el cartel “liquidación”…

Hoy vuelvo mi mirada hacia esos rincones, porque Navidad, ocupa un rincón del comercio y en la tierra de Israel, ocupó otro; pero siempre en un rincón, puede estar la fe que todo lo ilumina.

Belén no era una ciudad insignificante:  de en ella nacería el Salvador. Es decir desde un rincón de Israel…

El pesebre en Israel, generalmente utilizaba  un rincón de la casa, y ahí nacería Jesús para manifestarse, para que la humanidad supiera siempre que a Dios se le puede encontrar entre los que viven en los rincones de la sociedad… (Nuestros pobres y los que no cuentan para una sociedad preocupada de la imagen y del éxito).

Busco entre mis recuerdos de antaño, la costumbre de prepararse para el tiempo de navidad y en un rincón de mis recuerdos encuentro:

El horno de latón  que se utilizaba sólo en las fiestas navideñas y fiestas patrias… en resto del año, quedaba arrumbado en un lugar cercano al gallinero… Mi madre lo sacaba para preparar el Pan de Pascua.

En mi infancia, había que terminar todo el año escolar y recién ahí nuestra atención se volcaba a ir al famoso cuarto de los “cachureos” (no lo digo en forma despectiva) para desempolvar las piezas del nacimiento y el árbol de Pascua.

 

En mi hogar, además de preparar  el Pesebre, que recuerdo, siempre eran las mismas figuras de yeso, algo cascoteadas… se hacía un árbol navideño, pero era de desechos… de lanas verdes, pedazos de aluminio, de cartón con papel plateado de los paquetes de cigarrillos, o, mejor, un árbol frutal como un cerezo, o el famoso “Peral de Pascua” porque era la época de los frutos nuevos que marcaban el verano… Nada de nieve (pompones de algodón)  porque eso no era de mi zona que por esos días sólo pensábamos en ir al río y andar en pantalones cortos…

El triciclo familiar, con Papá,  recuerdo que lo pintábamos para cada año y con uno que otro arreglo, quedaba “como nuevo” para salir a lucirlo con otros chicos el día de Navidad.

El jeep plástico, que salía a combatir  a los choques con el resto de “autitos” de los amiguitos del barrio, lógicamente con el nuevo ejército plástico que nos regalaban los papás.

Los tiempos van pasando, a veces nos alejamos de nuestros rincones y tal vez en esta Navidad nos venga bien darnos una vuelta por esos lugares para dejar ordenado nuestro corazón para recibir al Niño Dios.

 

Rincones del Hoy:

 

Traigo al tapete  cinco  rincones charlados  en estos días…

Uno de mis hermanos… desde hace un tiempo atrás le entrega a su familia una navidad de “desarticulada sorpresa”. Se van a cenar a algún barrio marginal de la ciudad donde viven , llevando todo lo necesario para la cena, pidiendo a los habitantes de esa morada (a la suerte) que los pueda acoger esa noche entre los suyos…, Después le pide a su señora que se desprenda de uno de sus regalos preferidos para darlo a la dueña de casa y otro tanto hace con su hijo para que le deje al niño de esa casa un regalo preferido, por el cual, mi sobrino,  se sacrificó durante todo el año llevando buenas notas a casa, Mi hermano por su parte, deja algo de dinero y termina lavando las cosas de cena… ¿cuál es la idea? Vivir una navidad distinta, no la navidad de los comerciales, sino recordar una y otra vez que Jesús nace pobre entre los pobres, y que desde ellos,  es la única forma de encontrar con un corazón sencillo  al Emmanuel (Dios- con- nosotros).

 

Hace algunos años, partió al Reino de los Cielos un sacerdote de los Sagrados Corazones, Rolando Muñoz. Un hombre que vivió y enseñó teología desde los rincones sociales. Vivió en sectores populares y sencillos, optó por los rincones para encontrarse con Jesús y para darlo a conocer. Bien se mereció un título que publicó alguna vez el diario El Mercurio “teólogo de Poblaciones Callampas” (título descalificatorio por cierto, en letras del Mercurio, pero un honor para un hombre que se la supo jugar al lado de los que no contaban para la sociedad) Curiosamente después de ello, dejó de dar clases en la Pontificia Universidad Católica, lo que le permitió entrar de lleno a los centros de formación teológica  “alternativos” para hablar sin tapujos que “en el pobre está Dios”.

 

Otra persona que partió hace algún tiempo, en Copiapó, fue una agente pastoral con la que compartí en mis tiempos de párroco en Jesús de Nazareth. Jimena Aguirre, era biblista popular, en los tiempos compartidos con ella, constantemente miraba  el barrio como una pequeña galilea; entre los pobres del barrio sentía que Jesús le llamaba a entregarse entre los marginados, sus compañeros de camino y entre ellos cultivaba su santidad.

Siempre decía… “mi Iglesia es la Iglesia de los pobres y entre  ellos quiero vivir y morir”.

Su encuentro con Jesús se produjo en el barrio entre  la olla popular y los trabajos comunitarios, para decantar todo en la oración final después de cada actividad.

 

En Curicó, donde vivo mi servicio pastoral, charlé hace algunos días, con una señora que en vísperas de una navidad, se le quemó su casa;  ella y su familia quedaron  “a brazos cruzados”. Después de que las llamas se apagaron, y entre los escombros,  comenzó a excavar lo que había quedado; se encontró con el pesebre familiar, lo fue limpiando y lavando con sus lágrimas, juntó trozos de madera, carbones, cosas quemadas y armó su pebre nuevamente, el que puso a la entrada de la carpa que sería su hogar hasta volver a levantarse. Por aquellos días comenzaron a llegar hasta su morada, los actuales Reyes Mayos. No le trajeron oro, incienso ni mirra, sino la ayuda solidaria de otros pobres como ella, “sólo el pobre sabe compartir lo mejor desde sus dolores”…

 

Quiero felicitar a aquellas personas que salen de sus rincones de siempre, para ir al encuentro en estas fechas de personas necesitadas; es una fecha en que muchas instituciones  (sociales y eclesiales) hacen entrega de canastas navideñas. Pido a Dios para ellos bendiciones, pero también pido que estas iniciativas destinadas a alegrar el corazón de tantos hermanos necesitados, no nos sirvan como “tranquilizador de conciencias”.  Tampoco quiero que aquellas canastas navideñas sean “compradoras de votos de última hora o arregladoras de encuestas”  porque en nuestro país, la Palabra dada todavía vale mucho y sobre todo entre los más humildes y sencillos de nuestra patria.

Dichas canastas navideñas no pueden ser la venta de mi conciencia ni de mi libertad ciudadana, tampoco compradora de afecto ni de afinidad religiosa.

Deseo que esta navidad, sea una vez más la vuelta a la ternura, que tanto bien nos hace, para saber construir una sociedad fraterna.

Si tú, querido lector, aún no encuentras un rincón para revivir tu navidad, haz el esfuerzo. Te dejo unas pistas, no está en las vitrinas comerciales ni en las marcas que nos obnubilan, sino en lo profundo de tu corazón, ahí te asombrarás con el brillo de los ojos del Niño Jesús que nace en una pesebrera.

Feliz Navidad 2014.

            Con afecto:

Pepe Abarza, cmf

@ppcmf

pepe abarza morales, cmf