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¿Con quién aquella tarde, Dios firmó un trato? Porque vi su firma en el Cielo.

¿Con quién aquella tarde, Dios firmó un trato?

Porque vi su firma en el cielo.

Cuando aparece un arcoiris en el cielo, desde mi mirada de creyente, me hace recordar el gran pacto que firmó Dios con Noé después del diluvio. (Gn. 9,13) La firma de Dios, como le han llamado algunos, a lo cual me sumo. Dios le dijo a Noé, “Nunca más habrá un diluvio en la tierra que quiera acabar la raza humana y todo ser viviente”

Tengo gratos recuerdos de haber visto la firma de Dios cruzar los cielos en varios momentos cruciales de mi vida y sé que en esas oportunidades firmamos un trato.

Pero hoy quiero compartir con ustedes la última vez que vi su firma y sé que conmigo no lo hizo; mirando la realidad vivida en los meses de verano, me ha entrado la duda de pensar si esta vez firmó con alguien un trato.

Sucedió el día miércoles de ceniza (5 de marzo) mientras estábamos en la misa con toda la comunidad en el Santuario El Carmen, hubo lugares en la ciudad, donde cayó algo de lluvia, en el sector del Santuario fueron unas cuantas gotas, mientras dentro del Templo reflexionábamos el tiempo que Dios nos regalaba (cuaresma) para cambiar la piel del corazón.

A los días después, me han enviado algunas fotos de ese día, en donde sale la firma de Dios cruzando los cielos y debajo, el Santuario en su etapa de reconstrucción y me acuerdo del pacto de Dios y de la frase que ella me evoca  siempre en  la mente: “Nunca Más”.

Días previos al inicio de cuaresma, he sido testigo de las demandas ciudadanas en Curicó, por un nuevo hospital para Curicó y para la Provincia, un Hospital con mejor capacidad y mejor atención, puesto que el de emergencia actual  está saturado y hemos tenido como ciudadanía situaciones que lamentar, como también condenar; como fue la represión policial que sufrió una marcha por el hospital.

Me ha tocado acompañar la enfermedad y los funerales de varias personas, algunas de ellas, que se van después de combatir contra un cáncer avasallador, o de trágicas muertes de jóvenes que han dejado desolado a sus seres queridos, sé que esto también le duele a Dios.

He sido testigo del nacimiento de niños que llegan al mundo con enfermedades “nuevas” o con pocas expectativas de vida.

He conversado con personas que han sufrido el maltrato familiar, la sinvergüenzura de familiares que le han engañado despojándoles de todos sus bienes, porque les hicieron firmar un papel que nunca leyeron, etc. O simplemente de malos hijos que han dejado tirados a sus padres en la vejez, después que ellos lo dieron todo por sus hijos…

He observado con asombro los cultivos de nuestros campos en la zona y que cada vez con más productos químicos que bañan los árboles para protegerlos de “plagas” mientras que curiosamente aparecen personas enfermas. Las regiones centrales de país (Maule, O’higgins) son las que más cultivos de productos transgénicos cuentan y el agricultor que se decide a cultivar en su campo estos productos firma una condena de muerte para su tierra, insectos, y poco a poco los productos llegan a la mesa de los futuros comensales, transformándose en “bombas de tiempo”

En cada una de estas situaciones, he compartido el dolor y la impotencia de estas situaciones y en mi oración, le hablo a Dios de estas cosas…

Después de esta breve enumeración de algunas cosas, al ver la firma de Dios y recordar la frase del “Nunca Más”. Me entra la duda de creer si esa firma es válida, si tiene peso…

Porque a cada cosa enumerada puedo decir, nunca más, y la realidad me dirá otra cosa. Seguirá muriendo gente avasallada por el cáncer, seguirá existiendo violencia intrafamiliar y padres abandonados. Continuarán  las enfermedades acechándonos y las largas horas de espera para ser atendidos en la salud pública, etc.

Seguirán sembrados nuestros campos con semillas transgénicas y por ende seguirá padeciendo el ser humano enfermedades que surgirán repentinamente.

¿Qué sería lo que Dios firmaba en el cielo aquella tarde? ¿Con quién estaba cerrando un trato?

Con la realidad descrita en este escrito, estoy seguro que con nuestra gente no lo ha firmado, pero la curiosidad me ha llevado a proponerme descubrirlo en esta cuaresma, porque me duele seguir viendo gente crucificada por injusticias y la impotencia.

En esta cuaresma, quiero descifrar esta interrogante: ¿con quién aquella tarde Dios firmó un trato? Deseo con todo el corazón que sea con aquellas personas que han sufrido grandes dolores durante este año.

Por mi parte seguiré buscando los rostros de aquellos que esa tarde se alegraron de ver la firma de Dios y escucharon el “Nunca Más”.

Querido lector de esta reflexión ¿firmó Dios contigo un trato?

 

Pepe Abarza, cmf.

@ppcmf

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